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Marco conceptual - Wiki CeCalCULA

Marco conceptual

De Wiki CeCalCULA

Anterior: Comunicación Digital, Ciencia y Sociedad

      • Estado, sociedad y democracia en los entornos digitales (Ysabel)

Aunque ampliamente defendida como proyecto político, a finales del siglo XX la democracia enfrentó señalamientos en cuanto a algunas modalidades tradicionales, consideradas agotadas frente a los cambios surgidos en una sociedad que se hizo compleja en sus interrelaciones. Uno de los aspectos que mereció reconsideraciones importantes es la relación entre el Estado y sus gobernantes, así como los mecanismos de presión por parte de la sociedad civil para las demandas hacia las políticas públicas (Nota al pie:1).

Por ejemplo, los tradicionales mediadores reflejados principalmente en la forma partido, enfrentaron algunos debilitamientos como organización política, asomándose nuevas figuras para mediar entre gobernantes y gobernados. Esto empujó la revisión del sistema representativo, con la sugerencia de nuevos espacios para una democracia participativa que suponía ampliar los mecanismos del debate, con una ciudadanía activa que pudiera influir de manera más efectiva en los asuntos públicos.

Puesta en discusión las categorías de tipos ideales en la relación Estado-Sociedad (Nota al pie:2), la esperanza se anidó en los individuos y la formación de una “voluntad política” expresada desde fuera de los espacios de mediación a través de la forma de partido, aspirando capacidades civiles para incidir en la estructura Estado.

Pero esta condición de ciudadanía en gran parte se exigía en medio de una sociedad con dificultades para atender tal reto. Uno de los factores en discusión a finales de siglo fue, por ejemplo, la conformación de la opinión pública frente a los asuntos de Estado, alrededor de una dinámica massmediática. Llegó a vislumbrarse un poder mediático configurado como un nuevo tipo de “soberano”, que en parte disolvía ese esquema clásico de la separación y equilibrio de poderes, al concentrarlos todos en uno y al erigirse, además, en alternativa (al menos simbólica) a cada uno de ellos. (Ortega y Humanes).

La compleja incidencia de los medios de comunicación no sólo en aspectos favorables al acceso a la información, sino también en la definición del espacio público cerró el siglo con dulzores y amarguras. “…la esfera pública, queda igualmente modificada. Ella ya no es el marco para la vida activa de la que habla Arendt.( FALTA LA CITA ).. Y ella tampoco es el espacio adecuado para posibilitar la expresión ciudadana, puesto que ha pasado a convertirse en el escenario en el cual se dirimen los intereses y aspiraciones de la gestión privada de la comunicación” (Ortega y Humanes).

A las ventajas ofrecidas por los medios (prensa, radio y televisión) para ampliar el debate público sobre asuntos de Estado, se le interponía siempre la tendencia a predominar el referente emergente o prioridades temáticas alrededor de las cuales se discutían los asuntos públicos, experimentándose un ciudadano más espectador, que activo. Ese eje de acción-recepción sobre los asuntos de Estado, en el que gran parte de la sociedad recibía mensajes únicamente construidos a partir de versiones de terceros, terminó significando un dominio por parte de las empresas y profesionales de la comunicación, lo cual tampoco era una opción gratificante en términos de funciones institucionales, puesto que el criterio con el cual se seleccionaban y presentaban los temas para su discusión respondían a una lógica unilateral. En este sentido empezaba a latir una amenaza ante los excesos de poder, compartida entre la estructura de Estado y la estructura de los medios.

En medio de este contexto, surge Internet como un mecanismo multiplicador de discursos en diversos formatos, distribuidos en un esquema radicalmente distinto a la de los medios tradicionales de comunicación y que genera un soporte atípico a la comunicación social. Ante los cambios que se suponen se empiezan a generar, basados en una sociedad en red (Nota al pie:3) , en cuyos discursos interconectados, los actores y roles de la comunicación se desligan de la lógica dominante en el siglo XX, la discusión sobre el espacio público debe ser, de nuevo, replanteada.


      • Políticas de Estado en el uso de Internet (Ysabel y Luis)

La organización administrativa y los mecanismos formales para gobernar Internet son temas aún en proceso de definición. La naturaleza de este nuevo mecanismo de comunicación pone en discusión asuntos de necesario acuerdo en torno a la infraestructura, el contenido, su regulación económica, la libertad de información, la propiedad intelectual y las prioridades para incentivar la apropiación tecnológica, entre algunos de los principales aspectos.

La Declaración de Principios de Ginebra ha establecido que los asuntos de política pública en el tema sean un derecho soberano y una responsabilidad de los Estados. También se enfatiza el importante papel del sector privado en los campos técnicos y económicos, así como el de la sociedad civil en esta discusión. De manera tal que le ha correspondido al Estado en estos primeros años del siglo XXI, enfrentar la transición de servicios de telecomunicaciones y estar alerta en las políticas regulatorias de un escenario con cambios tecnológicos muy rápidos y de impactos inesperados en el tema de la comunicación social.

Ante esto, una comunidad pequeña pero creciente de usuarios activos vigila atentamente las decisiones públicas, en defensa de avances en función de las prioridades públicas en torno al tema. Cada vez más, los acuerdos negociados entre los diversos sectores de la sociedad demandan confianza como valor indispensable para regular estos nuevos escenarios. Se trata de la conformación de un capital social que requiere de un aprendizaje cultural, tanto de quienes participan en los cuadros con responsabilidad política, como de los sectores que presionan para tomar decisiones inherentes a marcos institucionales y jurídicos apropiados. Tales acuerdos involucran el consenso en el proyecto de sociedad que promueva el Estado alrededor del engranaje de comunicación en cada país (Briceño, 2009).

Para la ciudadanía, para los usuarios, se hace cada vez más evidente que el acceso a Internet constituye una necesidad básica y que es obligación del Estado facilitar e impulsar su uso y apropiación a través de, entre otras políticas, el establecimiento de conexiones de banda ancha que permitan la trasmisión de datos, voz y video.

Medidas como éstas ya son un hecho en países pioneros como Suiza, que a partir del año 2008 le asegura a todos sus nacionales, o Finlandia, donde se ha establecido un marco legal que garantiza el derecho universal de acceso a Internet para sus casi seis millones de ciudadanos con un megabyte por segundo.

Las expresiones más importantes de las Políticas de Estado en este sentido terminan plasmadas, negociadas o no, en marcos legales, normativas y decisiones las cuales, directa o indirectamente generan impacto en el sector de telecomunicaciones, bien sea en el desarrollo de la plataforma tecnológica, de contenidos o de otros aspectos que sean regulados y que cambian la tendencia de crecimiento del sector o, sencillamente de uso, en este caso de Internet como mecanismo de comunicación masiva.


      • Escrutinio ciudadano y uso de Internet (Iria y Raisa)
        • La web como esfera de formación de opinión pública (Iria)

El debate teórico sobre si el campo de la web constituye un nuevo componente de la esfera pública aún se mantiene abierto. No obstante, existe evidencia de que la web facilita las comunicaciones entre actores emergentes de la sociedad política y actores de la sociedad civil. La web cumple con el fundamento para constituirse en un espacio de la esfera pública, dado que en ella se constituyen redes para circular información y compartir puntos de vista (Lim & Kann, 2008). Análisis bajo el enfoque habermasiano del concepto de esfera pública (Habermas, 1981; 1996) indican que dados los fenómenos de desintegración del diálogo público que parecen afectar a la mayoría de las democracias representativas en el mundo, el proceso de formación de la opinión pública vehiculada por los medios masivos ha devenido en un proceso manipulado del cual se excluye el debate racional entre ciudadanos autónomos (Salter, 2003). En este contexto, una nueva esfera pública conformada por ciudadanos en red que se conectan en la web está supliendo el espacio para el discurso deliberativo que los no-lugares en los cuales han devenido las ciudades y sus áreas de "libre" tránsito ya no proporcionan (Varnelis & Friedberg, 2008).


El uso intensivo de tecnologías de información en sus tareas cotidianas produce como efecto colateral que un grupo emergente use la web como su principal canal de información y tienda a confiar más en miembros de sus redes de contactos profesionales o personales como orientadores de opinión que en los periodistas-anclas de la TV y la radio. De ese cambio en los hábitos de consumo y reproducción de información hemos pasado a prácticas de remezcla e reinterpretación de la información sobre asuntos públicos, que hemos dado a llamar infociudanía. La infociudadanía consiste en participar en la conversación política que se desarrolla en los espacios sociales de discusión en la web. Se trata de la expresión de una identidad política en la web, que se entrecruza con la identidad política que el ciudadano ya posee en los espacios fuera-de línea pero que además expande sus alcances (Puyosa, 2008). Estos infociudadanos están configurando una nueva esfera pública (en el sentido neo-habermasiano) en donde la acción política (opinión crítica, debate deliberativo y organización para la movilización) se articula en redes. Al compartir información en sus redes, los infociudadanos generan cambios mínimos (que se van agregando) en las tendencias de opinión en sus redes sociales. De allí se van incubando cambios sociales. Cuando el cambio es evidente, nadie puede descubrir cual fue la primera conversación sobre esa nueva tendencia dominante. Pero, seguro es que comenzó en una interacción social entre personas y es probable que esa interacción haya sido mediada por el teléfono o la computadora.

Siguiendo la línea de análisis neo-habermasiana, se propone que la web pudiese estar emergiendo como sustituto de los medios masivos en el cumplimiento de funciones políticas de orientación del debate racional entre ciudadanos para la formación de la opinión pública. Entre las funciones políticas más importantes de los medios masivos se encuentran: establecer la agenda de debate público, legitimar actores y orientar a la audiencia en el proceso de conformación de un consenso político. En el caso de lo espacios sociales en la web, personas independientes controlan (parcialmente) los factores de producción de información y (generalmente) no fijan políticas editoriales explícitas, sino que abren canales para la distribución de mensajes heterogéneos a una audiencia que se agrupa espontáneamente en cliqués e interactúa frecuentemente, a veces intensamente, a veces multi-modalmente (Puyosa, 2008). Esas caracteristicas conllevan una mayor dispersión de la agenda de debate público, en comparación con la agenda de los medios masivos y hace más arduo el proceso de legitimación de actores. No obstante, su incidencia en la conformación de consensos políticos podría ser amplificada por la acelerada circulación de ideas a través de redes sociales descentralizadas y/o redes sociales distribuidas, así como por el mayor potencial de generación de identidad de proyecto dada la intensidad y multimodalidad del contacto entre los miembros de los cliques que se configuran en la red.

En la web social se puede conversar sobre asuntos públicos y se puede dar expresión a tendencias de opinión emergentes. En las conversaciones en redes sociales mediadas por la web, la gente puede contrastar argumentos que ayuden a reforzar sus opiniones o a modificarlas, pero la conversación sobre asuntos públicos no implica movilizacion. La movilización es siempre una etapa posterior a la conversación y a la formación de opiniones; de hecho es una etapa que no siempre se da, en el proceso de activismo político mediado por tecnologías de información y comunicación. Para que se dé la movilización, tienen que estar presentes motivadores emocionales fuertes que sirvan de disparadores para la acción y también deben darse condiciones (asociadas con el clima político y con la pre-existencia de estructuras de organización) que faciliten el proceso.

AMPLIAR DESCRIPCION DE MODOS DE ACCION POLITICA EN LA WEB


        • Públicos en red

La identidad web se configura no sólo de las intenciones y actuaciones del individuo sino también de su relación con otras personas en el espacio social de la web. La identidad web se construye en las redes sociales, en la presencia en los espacios de la web y en el discurso que se hace público en sus espacios de discusión (Puyosa, 2008). La política web se basa en la expresión de “identidades en red” que sirven simultáneamente como experiencias socializadoras y como ejes de proyectos de vida comunitarios que parecieran permitir a los activistas resolver los conflictos pragmáticos entre lo individual y lo colectivo. Es en el espacio de la web donde resulta más evidente eso de que la identidad de la persona en la sociedad globalizada se constituye en su trayectoria entre diversos grupos sociales. La identidad vendría a ser el auto-relato de aquello que esperamos sea reconocido por otros como nuestra esencia (Martín Barbero, 2002). En la web, ese relato de la propia identidad es obviamente multimedial e hipertextual, involucra discurso, imágenes, referencias e (hiper)vínculos sociales. La identidad web configura nuevo modos de representación social para dar cuenta de las raíces múltiples de cada persona y propone nuevas modalidades de ejercicio de la ciudadanía. La identidad política en la web se construye no en la actuación individual sino en la actuación grupal del clique. Es el clique al cual se pertenece, lo que determina temas de conversación y pautas de interacción.

Una parte sustancial de la política web ha estado marcada por la disidencia con respecto a las formas institucionalizadas de la política (partidos, sindicatos, etc.) Algunos investigadores hipotetizan que los rasgos de “comunicación horizontal”, “libertad de información” y “autonomía” que parecen caracterizar la participación en los espacios de debate en la web encajan con la concepción de la política y con la visión de la propia identidad que define al activista del siglo XXI (Diez Rodríguez, 2006).

Conforme con lo planteado por Manuel Castells (1999), podemos encontrar en la web dos grupos de actores políticos emergentes: aquellos que mantienen una “identidad de resistencia” y aquellos que desarrollan una “identidad de proyecto”. La identidad de resistencia caracterizaría a los ciberactivistas que se asumen como minorías estigmatizadas o marginalizadas y que usan la web como trinchera de supervivencia frente a las instituciones de poder. La identidad de proyecto caracterizaría a los ciberactivistas que postulan una transformación en la estructura social desde su perspectiva cultural.

Asumiendo que la estructura de la red está determinada por el contenido o recurso que fluye a través de esa red (Christakis & Fowler, 2009), hipotetizamos que la identidad de resistencia y la identidad de proyecto pudiesen expresarse a través de diferentes formas estructurales de red. la identidad de proyecto pudiese adoptar la forma de una red descentralizada, mientras que la identidad de resistencia pudiese adoptar la forma de una red distribuida.

La conceptualización de las tipologías estructurales de las redes sociales deriva de las tipologías de Baran (1964) que fueron propuestas para el diseño de ARPANET. De acuerdo con esta tipología la estructura de las redes puede ser centralizada, descentralizada o distribuida. En una red centralizada, todos los nodos, menos uno, son periféricos y sólo pueden comunicarse a través del nodo central; la caída del nodo central priva del flujo a todos los demás nodos. Las dinámicas de las redes sociales impiden en la práctica la existencia de redes centralizadas, por lo cual en el espacio social de la web sólo encontramos efectivamente redes descentralizadas y redes distribuidas. En una red descentralizada, no existe un único nodo central sino varios nodos centralizadores; dependiendo la actividad de cada uno de esos nodos el conjunto de la red funciona con variaciones determinadas por el flujo efectivo de información entre los distintos clusters que se integran a la red. En una red distribuida, los nodos se conectan entre sí, sin que tengan que pasar necesariamente por uno o varios centros; por lo tanto, desaparece el poder de filtro sobre la información que fluye por ella y los procesos no pueden ser controlados por ninguno de los individuos que se integran a la red.


Topologías de red.gif

Las organizaciones y actores políticos institucionalizados que actuan en los espacios sociales de la web tienden a tratar de implantar redes descentralizadas, que por lo generalmente responden con lentitud a las demandas de flujo de información del sistema. Debido a esa falta de adaptación a las dinámicas de las redes sociales, las redes descentralizadas no suelen tener una alta efectividad en la acción política en la web. Sus actividades suelen diluirse sin haber logrado sus objetivos. No obstante, con frecuencia esas redes descentralizadas introducen en el sistema temas que llegan a ser apropiados por redes distribuidas (en las cuales con frecuencia participan individuos que originalmente pertenecieron en la red descentralizada) y logran así reaparecer en la agenda de las conversaciones en la web.

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